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Podemos identificar dos tipos de deseos: los que nacen en tu mente superior, que es la parte de ti que te une con el amor perfecto de Dios, representa la parte más profunda de tu Ser, naciendo en tu alma, con toda la pureza de intención; y los que nacen de tu mente inferior como algo que quieres, deseos igualmente válidos y que satisfacen a tu personalidad, mismos que pueden ser positivos y en ocasiones negativos, algunas veces provienen de afuera de ti, es decir de todo el bombardeo que recibes cotidianamente a través de las personas cercanas, de las comparaciones, de lo que escuchas como ideal o sofisticado en la vida, la publicidad y tu cultura, pasando por tu familia, los amigos y el medio social al cual perteneces.

Los deseos de tu alma serán siempre positivos, de ayuda a tu crecimiento espiritual y por lo tanto a mejorar tu calidad como ser humano; mientras que los deseos de tu mente inferior pueden ser positivos o negativos, en esto último se referiría a que a veces se cimentan en una base egoísta y negativa que logra algún tipo de revancha o justicia a tu parecer, beneficiando aspectos casi siempre negativos de tu personalidad y dañando a alguien más.

Para lograr más fácilmente los deseos que nacen en tu personalidad, es importante armonizarlos con tu mente superior, para ello es necesario pedir con el corazón, no basta sólo con desear, hay que sentir la alegría de saber lo que se quiere, de colocar los escalones hacia el objetivo y disfrutar el logro. Dar a tus planes el toque de la emoción positiva eleva tu propósito y activa tu ser espiritual, dándole valor a la felicidad como estado idóneo.

Que tu felicidad no dependa de tener realizados tus deseos, porque entonces irás caminando con frustraciones, sin disfrutar plenamente el camino, olvidarás que la vida es un camino para andar, es una senda para caminar con gusto y placer, no una ruta donde lo único importante es la meta, es llegar al final. La vida entonces se vive como un camino para ir disfrutando y apreciando las bondades a cada paso que das, apreciando los pequeños detalles, porque sólo así vas dándote cuenta de la presencia de Dios en cada momento del día; entonces estarás dando pasitos en cada día porque así van construyendo un camino de oración y meditación, armando una comunicación constante con tus seres de luz más allá de los rezos y las peticiones.

Busca dentro de ti el deseo de tu alma, bucea en tu interior en las profundidades de tu ser, porque muchas veces estos deseos se manifiestan en forma natural, sin embargo como vivimos enfocados en el afuera y con la atención en lo que sucede a nuestro alrededor, intentando llenar las necesidades de los demás fuera de nosotros, muchas veces podemos confundir los deseos.

Siente siempre que eres merecedor de todo lo bueno, no tengas pena de pedir a tus Seres de Luz, “de molestarlos” para lograr tus cosas, nunca la ayuda que te pueden dar es molestia, la flojera es humana, no espiritual, tus Seres de Luz desean ayudarte, abrir tus caminos, poner a tu alcance los recursos y las formas, reforzar tu fuerza de voluntad, ayudar a recuperarte, en fin, te ayudan a siempre salir adelante para que sigas de la mejor forma tu camino.

Ellos son parte de nosotros, nosotros somos parte de ellos, es un equipo trabajando en dos planos, nosotros en el material, ellos en el espiritual, uniéndonos a través de nuestras peticiones, estamos aquí para descubrir, aprender y ser constantes en la comunicación con esta red de Luz que es el Universo en toda su bondad; y así reconocernos parte de esa red de energía.